Por la poesía negra de Nicolás Guillén

 

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Hace 115 años, un 10 de julio, nació el ser que encarnó la llamada poesía negra antillana. Escritor, agudo periodista, destacado activista político y poeta cubano, Nicolás Guillén.

Su poesía solidaria logró la expresión auténtica para una cultura mulata, como él. Su preocupación por lo social lo llevó a denunciar el sufrimiento de la explotación en el archipiélago antillano, a solidarizarse con los intereses de su pueblo y de su clase; suscitando así, su lucha frontal para suprimir la injusticia secular en la isla.

“Al abordar lo que significaría en su patria el triunfo de las ideas fascistas, explicó que el negro forma parte de la mayoría de las clases trabajadoras, esclavizadas, de Cuba y estaba ligado, por tanto, dolorosamente, a todo el sombrío proceso de aquella sociedad semicolonial saqueada por el imperialismo norteamericano. ¿Cómo no va a sentir en lo más hondo de su tragedia la tragedia del pueblo español? La siente y comparte con el blanco del pueblo los mismos ardores de liberación y lucha que conmueven a todos los hombres del mundo, sin más raza que la humana” (1)

Dentro de su legado poético, resalto tres de sus poemas que, para mis ojos, resultan bellos y magníficos. Los comparto.

CANCIÓN PUERTORRIQUEÑA

¿Cómo estás, Puerto rico, 
tú de socio asociado en sociedad? 
al pie de cocoteros y guitarras, 
bajo la luna y junto al mar, 
¡qué suave honor andar del brazo, 
brazo con brazo del Tío Sam!
¿En qué lengua me entiendes, 
en qué lengua por fin te podré hablar, 
si en yes, 
si en sí, 
si en bien, 
si en well, 
si en mal, 
si en bad, si en very bad? 
Juran los que te matan 
que eres feliz… ¿Será verdad? 
Arde tu frente pálida, 
la anemia en tu mirada logra un brillo fatal; 
masticas una jerigonza 
medio española, medio slang; 
de un empujón te hundieron en Corea, 
sin que supieras por quién ibas a pelear, 
si en yes, 
si en sí, 
si en bien, 
si en well, 
si en mal, 
si en bad, si en very bad! 
Ay, yo bien conozco a tu enemigo, 
el mismo que tenemos por acá, 
socio en la sangre y el azúcar, 
socio asociado en sociedad: 
United States and Puerto Rico 
es decir New York City with San Juan, 
Manhattan y Borinquen, soga y cuello, 
apenas nada más… 
No yes, 
no sí, 
no bien, 
no well, 
sí mal, 
sí bad, sí very bad! 

 

UN POEMA DE AMOR

No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma,
un tiempo enorme, enorme, enorme.

Al fin, como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué explosión contenida!
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
de saludarnos, de manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.

Después
(ya lo sabéis desde los quince años)
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos.
Todavía
un amor de «lo amo»,
de «usted», de «bien quisiera,
pero es imposible»… De «no podemos,
no, piénselo usted mejor»…
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aun seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte…
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.

ANGUSTIA SEGUNDA

Tus venas, la raíz de nuestros árboles

La raíz de mi árbol retorcida; 

la raíz de mi árbol, de tu árbol, 
de todos nuestros árboles, 
bebiendo sangre, húmeda de sangre, 
la raíz de mi árbol, de tu árbol. 
Yo lo siento, 
la raíz de mi árbol, de tu árbol. 
Yo la siento, 
la raíz de mi árbol, de tu árbol, 
de todos nuestros árboles, 
la siento 
clavada en lo más hondo de mi tierra, 
clavada allí, clavada, 
arrastrándome y alzándome y hablándome, 
gritándome.

La raíz de tu árbol, de mi árbol. 
En mi tierra, clavada, 
con clavos ya de hierro, 
de pólvora, de piedra, 
y floreciendo en lenguas ardorosas, 
y alimentando ramas donde colgar los pájaros cansados, 
y elevando sus venas, nuestras venas, 
tus venas, la raíz de nuestros árboles.

 

(1) (http://www.trabajadores.cu/20170709/nicolas-guillen-poeta-solidario/)

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